De pronto vimos salir del agua una voz alta y adormecida. El viento había amainado un poco, tirando a la calma. La voz se deslizo con suavidad sobre el agua verdosa. Un olor a sal se desprendía de las algas que iba desplazando. Dejo un surco de espumas cuajadas que lentamente se fue cerrando hasta desaparecer. Alguien dijo haber reconocido la voz del Capitán, los demás lo miramos asombrados, para nosotros la voz era de mujer.
jueves, 16 de septiembre de 2010
LA VISITA
No necesité abrir los ojos para saber que era ella. Sentí su mano recorrer con suavidad el perfil de mi rostro. Levantó mi cabeza acercándola a su pecho como con ternura, y por unos instantes la acarició. Entendí agradecido que era el fin, y que iba a ser como siempre quise, de noche, durante el sueño y sin dolor.
miércoles, 1 de septiembre de 2010
RUTINA DE VIAJE
He desarrollado una rutina ganadora. Todos los días me subo en la misma estación, a la misma hora, en el mismo vagón y por la misma puerta. Así he maximizado la probabilidad de encontrar a la mujer de mis sueños. En mis sueños ella no sigue estúpidas rutinas.
sábado, 28 de agosto de 2010
DE LAS PALABRAS
Polvo serás más polvo enamorado
Porque para castigo* y sombra de las almas que algo dijeron toda palabra prevalecerá como signo o sonido, porque en ellas esta la dicha y el dolor, sus pequeñas felicidades temporales y la infinita miseria de lo que fue su carne, las furias, el miedo, el asombro.
Y es que perduraran por los tiempos como ecos atroces de fantasmas equivocados, repetirán los susurros de ternuras perdidas, o en desdibujadas líneas contendrán todos los sueños, y también, tristemente, la mera equivocación que cerró bruscamente esa puerta.
Y aun en el último Universo, aquel ya vacío e indolente, un mínimo roce, un insignificante estruendo, apenas un zumbido, en fin, un destello imperceptible de sus innumerables partículas girando sin sentido, convocaran en efímeros intervalos esa voz precisa o trazaran con sus frías trayectorias la terrible caligrafía de aquellas palabras.
Rastros serán, vestigios de cenizas desperdigadas, huellas de ya nadas que un día de ellas se dolieron, mas seguirán latiendo para siempre, como castigo y sombra de la mano que escribió o la boca que dijo. Vale.
* Bienaventurados los que no dijeron, porque poseerán no solo el olvido si no también un majestuoso silencio.
ASI TE SÉ
…obstinada, así te sé desde el principio de nuestro tiempo, ¿recuerdas cuando te conocí?, te acuerdas que fuiste tú la que me encontraste en los laberintos plagados de poetas anónimos, de poemitas de tercera, de versitos primorosos, y tú descubriste esa fuerza mas profunda, mas ansiosa, que gravitaba perdida entre paginas y paginas de arena estéril, tú me llamaste entonces e iniciaste esa lenta e incontenible seducción de la letra y después de la palabra, me embrujaste con asombrosas coincidencias, y como si el destino existiera me llevaste de la mano por tus propios senderos, me quitaste la mascara y me despojaste de los hábitos de monje doloroso y me llevaste al prometido infierno a plena lluvia y me dejaste muerto de frío en medio de una calle, y habían luces y reflejos de luces y tumultos y gentes ajenas, y me dejaste esperando en una maravillosa soledad y seguía lloviendo, y entonces volviste por primera vez a mí, y fui dichoso en la medida que te acercabas, de nuevo tu risa y tus manos cerca, y todo esto sucedió aquel cuarto día de cierto agosto de ese año…, ¿recuerdas?, por eso te sé obstinada, hasta ahora, hasta el final de nuestro tiempo...
miércoles, 11 de agosto de 2010
LA SAGA DE LOS CHOLOS DE CORDOVA
El indiferente azar lleva a algunos hombres, marcados por un sino de eternidad, a enredarse con su gloria o su tragedia solo cuando asombrados logran entrever aquel motivo que les retuerce el alma, y por el cual las futuras generaciones, también asombradas, justificaran su mito.
La leyenda quiere que un hombre en una noche de bohemia intrascendente, en una ciudad cercana a la frontera de su patria de nacimiento, prometiera por engaño a una huaicaina triste, cumplirle un sueño.
Aquellos que tuvieron la perra suerte de verlo en aquellos brillantes días del inicio, arengando a los escasos e indiferentes transeúntes en la plaza mayor de la Heroica Ciudad de San Pedro de Tacna, lo recuerdan como un hombre moreno de infaltable sombrero que trataba ingenuamente de darle a su discurso un tono criollo usando el verbo haber donde no era necesario y con la mirada hacia el cielo de un San Martín de Porres.
Esos mismos testigos relatarían después como en menos de dos años y en la misma plaza, la multitud se amanecía para escuchar su arenga matinal, y como ese veintitrés de noviembre, dos años y dieciséis días después de su primer discurso partía hacia el sur seguido de diez mil cholos armados de casi puro coraje al histórico rescate de un pequeño navío, carcomido por la polilla de mar, destartalado por el tiempo, oxidado por décadas de oleaje indiferente, pero glorioso para siempre, el momificado a punta de brocha Monitor Huascar.
Avanzo a fuerza de sorpresa sobre un sur desprevenido, rindió Arica e Iquique, evitó por motivos mas personales que estratégicos la monótona ciudad de Calama, cerco durante sesenta y cinco días el puerto agobiado de Antofagasta, sin poder detener al final la masacre de changos que sus huestes de cholos le infringieron enardecidos por el tedio de la espera. Taltal se rindió sin dar batalla, sintiendo que la ocupación era mas una liberación que una derrota.
El éxito de guerra santa que lo llevo en cientoveintisiete días con sus noches de farra desde la Tacna heroica a un Taltal asombrado lo hizo recapitular, y decidió en mala hora detener el avance para ordenar sus tropas y planificar la estrategia que lo llevaría a la rada de Talcahuano.
Formo un Ministerio de Guerra en campaña, un Grupo de Amigos de Confianza, y un Estado Mayor en alerta permanente. Entre sus seguidores mas fieros y despiadados nombro en una sola tarde tres Generales de Siete Estrellas, cinco Contralmirantes de la Mar Oceana, siete Tenientes Intranquilos y treinta y dos Cocineros de Picantes de Cuye, pero demoró dos semanas y media en el nombramiento que lo iba a llevar al fracaso, Janislaw Dimitrovic Jrewelsky, asumió el cargo de Jefe del Departamento de Informática.
El tal Jrewelsky era el representante de la International Bussines Machine en Curazao, Nova Lima y San Felipe de los Andes, había llegado a Taltal tres días antes de la ocupación para ofrecer al ejercito de recuperación un software que permitía generar un wireframe sin interpretación geológica, basado en la teoría de los fractales. Cordova rechazo el ofrecimiento pero le dijo que esperara por si cambiaba de opinión.
Habiendo finalmente nombrado su alto mando, pudo dejar en otras manos las rutinas de la guerra y dedicarse a lo que era su pasión, y a pesar de su vasta experiencia intento aplicar estadística no parametrica en el consumo del parque, teoría de colas a la hora del rancho y programación lineal en la estrategia que desarrollaba ante los ojos de espanto de sus generales descalzos. La falta de información validada lo llevo a nombrar entre aquellos cholos polvorientos, equipos para tomar, procesar e inventar si es preciso, los datos necesarios.
Mientras tanto, las sucesivas e innecesarias expansiones del Departamento de Informática le fueron desgastando sus menguados recursos. Una maraña burocrática lo envolvió bajo el tutelaje de Jrewelsky, su mano derecha. Sus ordenes eran codificadas, digitadas, erosionadas, desarticuladas y finalmente archivadas, pero ya no se cumplieron. Cuando lo hizo fusilar después de un juicio sumario en que el fue el juez, ya era demasiado tarde.
Aun hoy los niños que visitan las ruinas de su cuartel general se asombran de la cantidad de computadores Hewlett Packard Vectra 486/33VL, y algunos Pentium sin uso arrumbados en los casi infinitos cuartos del Departamento de Informática. No logró encontrar la estrategia que buscó desesperado, se fue diluyendo y enredando en una ilimitada telaraña de simulaciones condicionadas y aproximaciones estocasticas.
Cuando los días comenzaron a hacerse interminables a la espera de decisiones, cuando el pantano de su propia burocracia lo ahogo definitivamente en el lodazal de los días iguales, para matar el tiempo comenzó a evangelizar sus huestes de negros desabridos obligándolos a leer lo que el llamaba el texto capital para comprender la estructura del universo, Teoría de Cónicas Deformadas escrito a fines del siglo XVI por el ornitólogo heresiarca Ben Al Rami.
Algunos historiadores modernos pasando a llevar cuatrocientos años y un continente entero han promovido la falacia de que ambos fueron alguna vez amigos y que habrían discutido ante testigos de crédito (citan a Parmenides y a Safo) en algún tugurio de Alejandría, la tenebrosa cuestión de las Bases de Datos Relacionadas. Cuidadosas dataciones radiometricas llevadas acabo en los últimos años por la Smithsonian Institution han desbaratado esta aparatosa coincidencia.
La rebeldía cultural de los analfabetos pero felices cholos produjo los primeros quiebres y las primeras deserciones en sus tropas, era una estirpe creada para construir canales faraónicos y tumbas incomprensibles, no para el álgebra bizantina ni las insoportables Series de Fourier, su ignorancia histórica y su empecinamiento en convertirlos a la Geometría Analítica llevo finalmente a la sangría continua y terminal de su ejercito. El fin era inevitable.
El azar, esta vez para rescatarlo, lo llevo a un nuevo y también decisivo encuentro, ahora en el peor prostibulo de Taltal, El Gato Negro. Allí, abrumado por el fracaso de la irresponsable cruzada se hundió en los brazos de otra morena de ojos almendrados y caderas de perdición, que el no buscaba pero que siguió buscando desesperado, hasta el mismo día de su partida al exilio de Moquegua, sin ella, sin gloria y con la intima tragedia de volver a ser el mismo de siempre pero ahora para siempre.
Nota del autor.- Esta historia esta basada en las nota hechas al margen en el manuscrito original del Teoría de Cónicas Deformadas fechado en Amsterdam en mil quinientos ochenta y cinco, ambas letras claramente coinciden. El volumen se encuentra en la biblioteca del Institut fur Geologie, Geophysik und Geoinformatik de la Freie Universitat de Berlín.
Nota del editor.- El lector habra notado en el texto algunas paradojas de tiempo y de espacio, la editorial respetando el derecho del autor ha preferido mantener el texto original aunque dichas inconsecuencias lo hagan perder verosimilitud. No obstante, dada su tracendencia historica se encargo a los malogrados investigadores, Ludwig van Moltzke Profesor de Estado en Analisis Numerico de la Universidad de La Sorbone y al especialista en Historia Andina Contemporanea Arthur Alexander Quispe Mamani la revision exautiva de todas las fuentes historicas relacionadas. Si bien el brutal asesinato de ambos eruditos en la sierra de Chiclayo impidio la completacion de su informe, sus apuntes personales seran publicados proximamente bajo el titulo de Comentarios a la Guerra de los Cholos.
lunes, 9 de agosto de 2010
SOBRE UNA BORGEANA APROXIMACION A BORGES
Mi primera lectura de Borges fue en 1976, iba a hacer un pequeño trabajo geológico en una también pequeña mina de carbón cerca de Lautaro en Temuco. El dueño de aquella mina, un condiscípulo en la escuela de Geología, Raúl Jara, me llevo esa tarde el pasaje para el tren nocturno a Temuco, andaba trayendo un pequeño libro en sus manos, cuando me pasó el boleto y mientras me daba las últimas instrucciones miro el librito y me lo paso diciendo
-Toma, ya lo leí, llévalo para el viaje.
Ese es el viaje que acabo de terminar. El libro era "Historia Universal de la Infamia" de un tal Jorge Luis Borges, mi primer libro de Borges. Coincidentalmente también el primer libro de cuentos que escribió, en 1935.
Reconozco no sin cierta vergüenza que lo leí, seguramente en el viaje, y no me llamo mayormente la atención. No conocía al autor. Aunque ahora que lo pienso, creo que alguna vez había escuchado de él a Luis Enrique Borda, amigo de adolescencia y vecino del barrio de La Cisterna.
El texto quedo guardado entre mis otros libros de mi incipiente biblioteca. Cuando me fui a Antofagasta se fue conmigo en alguna de las dos cajas de libros que lleve a ese desierto. Se que en 1980 se salvo de una inundación casera en la que perdí varios libros arruinados por el agua de una llave abierta.
Se también que por ese mismo año lo preste a un compadre, Manuel Duran. Este hecho muestra que hasta ese día no era para mí un libro importante. Soy, como mi padre, un bibliómano, y no presto mis libros porque existe siempre el riesgo de perderlos. Si presté ese Borges fue porque no me importaba perderlo. Aun conservo el ejemplar con su tapa horriblemente ajada.
Por el verano del año 1981 otro amigo, Hernán Correa, cuando se fue de vacaciones al sur me encargo el cuidado de su casa. Yo debía ir en las tardes a dar una vuelta y prender las luces un rato. Poseía una extensa biblioteca, y me autorizo para sacar cualquier libro que me interesara. Revisando los volúmenes encontré "Obra Poética (1924 -1964)" de Jorge Luis Borges, no recuerdo que lo haya asociado con el ejemplar de "Historia Universal de la Infamia". Debió interesarme porque por ese tiempo yo escribía mucha poesía. Era una edición barata, con las hojas de los cuadernillos aun sin cortar, me estaba esperando. Lo llevé para mi casa donde aun permanece, esto indica que en realidad lo robé. Al leer sus poemas llenos de nostalgias, atardeceres, arrabales y aljibes me vino a la memoria un cuento corto, Reencuentro, que me había impresionado cuando lo leí a mediados de los sesenta. Recordé que estaba firmado por unas iniciales, al igual que el prologo del libro de poesías. Con la obsesión por reencontrar ese cuento en su extensa obra, comencé a leer Borges.
Leí ese cuento en una revista femenina a mediados de los sesenta. Eran los largos veranos de mi adolescencia, llenos de tedio. A la sombra del parrón leía los libros de mi padre, novelas policiales, biografías, historia contemporánea. En un cuarto en el patio se arrumbaban las revistas antiguas, Rosita, Eva, las Selecciones de Reader's Digest, de vez en cuando, para distraerme, sacaba alguna al azar y la hojeaba, leyendo algún articulo que me llamara la atención.
El cuento era sencillo, alguien llega después de muchos años, de vuelta a la casa de la infancia, la va recorriendo y al hacerlo va recordando aquellos detalles que la memoria guarda incluso sin nuestro consentimiento; el tacto del pomo de la puerta de entrada, el ruido de los oxidados goznes, el crujido de aquel peldaño, el inconfundible perfume del dormitorio de la madre, etc., recorre el patio, la añosa arboleda, el estanque, ahora seco, ve como la hierba ha ido cubriendo los intersticios entre las baldosas. Finalmente llega al fondo del gran patio y allí se detiene frente al túmulo de una tumba, la suya, donde penetra para descansar del largo viaje.
Recuerdo que recorté la cinco o seis hojas del cuento, era una revista Eva, de impresión café, el cuento venia acompañado con varias fotografías, también en tono café, que representaban imágenes del texto, el estanque, una arboleda, un dormitorio antiguo y así varias otras.
Cuando leí los poemas de Borges reconocí el mismo lenguaje, el tono intimo y nostálgico de la prosa bien elaborada, los detalles precisos, era el mismo autor. Inicié de inmediato la búsqueda de aquellas hojas, busque en vano entre mis archivos de poemas y papeles, entre las hojas de los libros, en las cajas con recuerdos u objetos antiguos. Fue en vano, no aparecieron. Vino entonces la obsesión, mi memoria guardaba detalles, los que fui escribiendo, pedí a mis hermanas que buscaran en las cajas de poemas que les había dejado a cada una cuando me casé, no estaban, que buscaran en los cajones de la casa por si habían algunos papeles míos traspapelados, nada. Recordé haberle llevado las hojas a una persona amiga para que leyera el cuento, pero estaba seguro de haberlas llevado de vuelta a mi casa, la contacté después de engorrosas averiguaciones, lo recordaba pero no las tenia, también me aseguró que yo las había llevado de vuelta. Pensé en ir a la Biblioteca Nacional, pero aunque estaba muy seguro del nombre de la revista no podía precisar su fecha, así la búsqueda seria una odisea casi imposible. Pensé en poner un aviso en un diario para comprar las revistas y si el azar me ayudaba… desistí de esta opción en algún momento de racionalidad… La obsesión me llevo a reescribir el cuento, busque en la memoria los mas mínimos detalles, ciertas frases o imágenes, el tono nostálgico, hice el esfuerzo máximo de recordar lo leído hacia veinte años. Lo titulé REENCUENTRO.
Con el tiempo la obsesión se diluyó, acepté dura la realidad de que no lo volvería a leer. Pasaron unos cuatro o cinco años. Yo solía ir a las ferias de las pulgas que se instalaban los domingos en Antofagasta. Iba a comprar monedas antiguas o extranjeras, a veces libros usados. Por el año 1985 o 1986, fui con mi hijo a una de ellas, quedaba lejos y no era habitual que la visitara. Después de recorrer el sector principal, donde compre algunas monedas chilenas antiguas, volvíamos al automóvil cruzando en diagonal una extensión de terreno seco y desierto, posiblemente un abortado proyecto de plaza, en ese lugar se instalaban algunos puestos clandestinos para vender baratijas demasiado usadas, los vendedores que allí estaban eran muy pobres, no podían pagar un puesto en el interior de la feria principal, y en cajones viejos o simplemente en una raída toalla exhibían sus trastos casi destrozados e inútiles para la venta. Yo ni siquiera miraba esas tristes mercaderías, zapatos usados, ropa de tercer o cuarto uso, fragmentos de juguetes, revistas y libros sin interés, etc.
Cuando estábamos en el medio del lugar vi una persona sentada al lado de una mesita en la que tenia dos o tres montones de unas veinte a veinticinco revistas usadas. Por inercia mas que esperanza me acerqué a mirarlas, eran revistas Eva antiguas…maquinalmente, pero repito, sin ninguna esperanza, acerqué mi mano al primer montón y hojee al azar, calculo que debo haber abierto la cuarta o quinta revista, y ahí estaban las imágenes en sepia del cuento que me había desesperado por todos esos años.
Creo que me temblaba la voz cuando haciéndome el indiferente pregunté el precio, la persona que hasta ese momento no me había mirado, levanto la vista y dijo una cifra irrisoria, hubiera pagado cien veces ese valor. Pensé en darle un poco mas, pero me atemorizó el que se diera cuenta de mi interés y que subiera el precio mas allá de la lógica. Compre varias revistas para diluir la importancia de la que me interesaba.
Mientras volvíamos a casa, iba pensando en la asombrosa coincidencia. Iba rara vez a esa feria, nunca compraba en ese sector paupérrimo, no sé porque me acerqué a esa mesa, sabia que siempre eran revistas sin interés, ni siquiera muy antiguas, y abrir la revista precisa y en la pagina exacta… porque estoy seguro que no hubiera insistido en buscar el cuento en todas esas revistas. De hecho, en otras ocasiones, y en otros lugares, había hojeado revistas Eva antiguas, pero sin tener referencias de fecha era imposible buscar. Por cierto, el cuento que me llevó a los laberintos borgeanos estaba firmado por las iniciales J.L.T., se titulaba RETORNO y hasta donde sé no era de Borges.
Decía que acabo de terminar aquel viaje, porque mi cuñado a través de sus contactos en Argentina me ha regalado el último libro de Borges que faltaba para completar la colección completa de sus obras, se trata de El Idioma de los Argentinos.
domingo, 8 de agosto de 2010
DEL NUMERO PERDIDO
Existe un número entre el tres y el cuatro. Millones, dirá el avezado lector pensando en los inconcebibles irracionales o en los ya casi cotidianos reales. La novedad, la asombrosa novedad es que este número es un entero. Un puro y simple entero, uno de esos dígitos de nuestra infancia, aprendidos en salas de clases con olor a lápices nuevos, esos números inefables que nos dieron el acceso a la armonía del universo, aquellos con los que solíamos contar.
La primera noticia sobre este número proviene de un matemático árabe del siglo XII, su nombre lo diluyeron los siglos o el oprobio, lo habría encontrado por error al efectuar un simple cálculo de la raíz cuadrada del 617, le quedo como la exacta cifra residual.
Estaba en el oasis de Getnarem, formaba parte de una caravana de científicos árabes que iba camino a Córdoba para mostrar a los hermanos expatriados los avances en las ciencias obtenidos en las aulas mas sagradas del reino. Se habían detenido a descansar del ardor desesperante del sol del Sájara y quiso mostrar a sus colegas, a la sombra siempre grata de los datileros, su último descubrimiento sobre las raíces cuadradas de los números primos. Trazaba en la fina arena con su alfanje de plata cristalizada los símbolos centenarios de sus números, aquellos que toda civilización debe a su raza. Eligió el 617 por que era un primo que contenía dos veces el siete, número que en la numerología de su aldea en Jartum representaba al Profeta.
Cuando la filosa punta terminó de dibujar el trazo cruzado del símbolo desconocido, de sus doctos colegas surgió un murmullo de asombro, azorado lanzo una exclamación de desagrado y sin pensar arrastro bruscamente la hoja bruñida sobre la milenaria arena borrando la operación equivocada. Molesto rehizo con lentitud y seguridad el cálculo y esta vez logro demostrar limpiamente su tesis. El número asombroso se había perdido.
Halim Al Serif que relata el suceso en su Armonía de
Georg Kantor algo supo de esto, Louis Du Barelles cree que eso explica su aplicación desproporcionada en la definición de los enteros positivos, si el lector revisa esa tediosa definición encontrará mas limitaciones que lo usual para definir un simple conjunto que apenas sirve para contar porotos.
De los diez dígitos arábigos, cinco son hechos de sensuales curvas, tres hechos de agresivas rectas y ángulos, y solo dos construidos de curvas y rectas. La simetría del universo quiere que estos últimos sean especulares. Me pregunto que forma tendrá el numero perdido, solo sabemos que es plano, trazable con un alfanje en la arena.
Tal vez la geometría de la luz de las estrellas, esa curva mínima que hace su luz al cruzar la cercanía gravitatoria del sol sea explicable de forma mas humana por este numero extraviado, quizás ese numero sea las veces exactas en que el diámetro cabe en su propia circunferencia, habrá un planeta invisible para los no creyentes, entre
Oj Ala, el Misericordioso, se apiade de los hombres y no conozcamos nunca este dígito inverosímil, porque si es su voluntad darnos acceso al misterio, contar porotos ya no será tan simple.
viernes, 23 de julio de 2010
NOVA TERRA MINERALICA
El Norte Grande No Altiplanico, Arica no mas al sur de Chañaral, posee las particularidades de un país distinto, es como un archipiélago formado por las ciudades-islas que contiene. Lo define su extraña geografía de vastas y calcinadas pampas, estrechas costas, acantilados formidables e inhóspitas cordilleras. Los paisajes y la cultura de la puna no le pertenecen, no son parte de esta línea de islas rodeadas de desierto y mar, Chañaral, Taltal, Antofagasta, Iquique, Arica, y de las otras que alguna vez fueron, Pisagua, Cobija, Coloso, habrán otras que olvido o desconozco.
Sus habitantes sienten el aislamiento, la intensa soledad del desierto mas seco del planeta, la infinitud del mar con sus roqueríos lunares y las áridas playas. Los hombres mismos que lo habitan son ajenos, recién llegados, hablan otros idiomas o un castellano con acentos diversos, provienen de lugares, países o continentes distintos. La mayoría esta solo de paso, lo saben y lo sienten. Incluso aquellos que sienten sus raíces más profundamente enterradas en estos desiertos nortinos, tienen su origen en algún abuelo que llego, embarcado o enganchado, hace no más de dos o tres generaciones. Descontando los escasos changos nómades que vivían de aguada en aguada, estos lugares hace unos pocos siglos estaba deshabitado.
Su historia es leve, con héroes de paso y batallas ajenas, entre los que venían del norte y los que venían del sur, sus ruinas prehistóricas son conchales de changos que aparecen o desaparecen según el ritmo de los vientos, y entierros de visitantes del altiplano.
La minería y la pesca son las únicas ocupaciones que directa o indirectamente sus habitantes han realizado. Es como si se hubiera colonizado un nuevo planeta, lejano, solitario, con un objetivo único, extraer sus peces y sus minerales para cambiarlos por alimentos que les permitan continuar extrayendo sus minerales y sus peces. Lo queramos o no, es un destino triste y efímero.
Cabe preguntarse entonces si estos hombres no debieron haber generado su propia filosofía, sus propios mitos, su arte y su historia. La nostalgia de los lugares de origen, las duras faenas de sacar riquezas de los cerros y cardúmenes del mar, la cercana historia de guerra y conflictos sociales, la soledad de tener al frente un desierto azul y atrás un desierto ocre, el saberse de paso como en un exilio, a veces dorado pero siempre exilio, deberían llevar inevitablemente a un idioma propio, distintivo, que asuma con orgullo su rareza y su identidad.
Un lenguaje con sus propias significancías, esa pampa no es la pampa de pastizales y ganado, esos ríos no son los ríos caudalosos del sur lluvioso, ese trópico no detenta un ámbito tropical de guacamayos o palmeras. Cada objeto de este paisaje es un objeto nuevo, distinto y único.
Aquí las flores son de papel y el verde de los cerros es cobre, pertenecen a una botánica distinta. Los guajaches, los jotes, las garumas, (el gorrión también viene llegando), algún zorro, los lagartos de la Chimba o los pocos guanacos de Paposo constituyen su zoología general. La entomología se restringe a la polilla y el hormigón. En este mar habitan unicornios. Solo un diccionario propio puede definir las palabras Apir, Oficina o Cachucho.
Falta entonces la descripción ordenada y sistemática de este universo, de esta Nova Terra Mineralica, con su geografía elemental, la imaginería de sus héroes, y su extraña historia natural. La ardua construcción de esta Enciclopedia Necesaria, sabemos, es ya territorio del arte.
Pero estas artes deben evitar el charro colorido de lo folclórico y lo anecdótico, evitar lo que ya escribieron los turistas momentáneos del sur, evitar los lugares comunes de la sociología trágica y recurrente que se heredo del salitre, el típico cuento del pirquen con su venero de oro perdido y la amable postal de los pescadores en el alba.
Sin pena ni miedo, hay que lograr que sus habitantes asuman sus auténticos y dispersos orígenes, sus grandezas y sus limitaciones, para que las futuras generaciones que la habiten, enfrentadas en su hora a su propia gloria o tragedia, reconozcan asombradas los motivos que justifican su presencia y sus mitos.
viernes, 9 de julio de 2010
LO IMAGINADO Y LO VIVIDO
A Francisco Townsend, amigo de bohemias, viajes y misteriosas aguas subterráneas.
Hace ya más de dos años leí al pasar en la Revista del Sábado del diario El Mercurio (5 de marzo de 2008) una cita del prologo que escribió Juan Villoro para Trilogía de la Memoria de Sergio Pitol; “Lo leído, lo imaginado, lo vivido y lo soñado pertenecen a una experiencia común: el recuerdo que ilumina. No se rememora lo que ya se conoce, la evocación es una búsqueda. A los recuerdos no se los puede dominar, y siempre será mejor asomarse a una ventana que a un espejo.”. Me gustó literariamente la ultima frase, asomarse a una ventana o a un espejo, y me interesó el tema de la confrontación entre lo vivido y lo imaginado, y quise comprobar a través de esas dos palabras algo que me viene dando vueltas desde hace mucho tiempo, el que ya todo esta escrito, como fondo, no aún como forma. Para ello busqué los diez primeros resultados de googlear [imaginado vivido], de un total de aproximadamente cuatrocientas catorce mil entradas. He aquí el resultado de editar (hilar, hilvanar, copy-paste, etc.), sin (o con mínimas en un par de casos) modificaciones esos diez párrafos iniciales, y ni siquiera cambiando el orden de aparición en Google.
En la memoria personal se enreda lo vivido, lo percibido y lo imaginado. Vivido, percibido e imaginado se entrecruzan. De esta manera, este pasado que tiene que ser articulado para transformarse en memoria, solicita anclas materiales en la post-modernidad –o significantes materiales- para auxiliar su construcción de sentido. Desde entonces han cambiado las cosas; y además, esta noche, lo que hago no tiene fronteras claras entre lo imaginado y lo vivido. Sólo un espacio imaginado y vivido puede ser habitado. Sólo un espacio vivencial total como el poético puede ser recuperado para un habitar pleno. Hablando sobre la realidad y otras fantasías, me pregunto si es mas "real" lo vivido, que lo soñado o que lo imaginado… Es más ¿acaso es diferente? ¿es que lo que sueñas no lo vives, no es una experiencia? y lo que lees, lo que imaginas…¿dónde está la línea que separa lo que es "real" de lo que no lo es? ¿no será que estamos atrapados en conceptos temporales y espaciales que nos encasillan y no nos dejan movernos en libertad? ¿quién puede aseverar que lo que imaginamos y lo que soñamos no forma parte de nuestro ser esencial? La realidad es una experiencia personal -interna y externa- y que no tiene una fórmula aplicable a todos por igual. El mismo paisaje puede despertar en diferentes observadores sentimientos diferentes e incluso contrapuestos y/o contradictorios… ¿cuál es más real?. Hace un tiempo hice una pregunta en un foro sobre si se puede escribir sobre algo que no se ha vivido o sentido, he tenido respuestas muy interesantes debo admitirlo, algunos apoyan el hecho de que no se puede escribir sobre lo que no se ha vivido, que no sería sincero, otros que sí se puede escribir sobre lo que no se ha experimentado y han citado libros y autores que confirman esta versión. Hace unos días estuve leyendo un libro sobre teoría literaria y hablaba respecto a que la literatura no dice la verdad, pero que tampoco miente, sino que solo te cuenta o narra o expresa posibilidades, cosas que si bien no son ciertas no significa que no pudieran serlo. Creo que sí se puede entonces escribir sobre lo que no se ha vivido partiendo de una idea que en un inicio parece odiosa: los poemas y textos literarios no pueden partir de quien las escribe al menos no del sujeto social sino de un yo poético interno que manipula la realidad y miente sin mentir y dice la verdad sin decirla puesto que no hay verdades o mentiras en un texto literario solo posibilidades de las que se vale el escritor para crear. El cerebro es capaz de inventar recuerdos de hechos que nunca ocurrieron. La imaginación puede llegar a adquirir en nuestra memoria tanta fuerza como las experiencias reales. Las zonas del cerebro que utilizamos para percibir o imaginar objetos se superponen de tal forma que un hecho únicamente imaginado puede dejar en nuestra memoria la misma marca que un hecho realmente ocurrido. Esta constatación permite que nos resulte difícil, pasado algún tiempo, determinar si nos hemos imaginado alguna situación determinada o si, por el contrario, la hemos vivido realmente. A partir de un estímulo cualquiera la mente rescata a través de la memoria experiencias extintas. Toda sensación, sentimiento o hecho profundamente vivido no es algo aislado, sino la apertura de un proceso al que el recuerdo, a lo largo del tiempo, irá añadiendo sentidos y significaciones según se den nuevas experiencias. La prodigiosa aventura de escribir rehace perpetuamente lo que su gran enemigo y proveedor, el tiempo, va destruyendo. Pero es que justamente para contar eso, lo que nos ocurre, nunca basta con haberlo vivido, ni siquiera con saber observarlo, ni saber explicarlo, ni siquiera con entenderlo, sino que además hay que imaginarlo, y una vez imaginado lo real y vivido, lo mirado y oído, lo descartado y conocido, lo omitido y perdido, quizá sea sólo entonces cuando podamos empezar a contárselo y a hacérselo creer a los demás. Sin embargo, para respetar en sentido estricto la fórmula de Marx, tales contextos no son más que el resultado de las acciones de los sujetos en el mundo de lo sensible, lo vivido, imaginado y experimentado, contienen su esencia pero no la revelan (función de ocultamiento y disimulo que opera a nivel de la ideología) sino por los modelos infraestructurales que, en última instancia, nos hacemos a partir de ellos. ¿Qué sueña un ser de ficción como una sirena? Es evidente que una sirena soñará sobre todo consigo misma como sucede en todos los sueños. Ellos -los sueños- tienen una doble narración: una que la dota de continuidad, el Yo, soñamos sobre todo en cosas que hemos vivido o hemos creído vivir, también en aquello que hubiéramos querido vivir, pero en cualquier caso soñamos en nosotros mismos, en nuestra propia subjetividad, en aquello vivido o imaginado. Además de este marco de referencia o encuadre que llamamos Yo cuando soñamos mezclamos elementos que no necesariamente hemos vivido y que pertenecen a otros registros de lo imaginario, no solamente recuerdos sino también imposibilidades fácticas, irrealidades y a veces absurdos en una mezcla que combina ambos elementos como en una narración extraordinaria sin tiempo cronológico pero vivida desde el dramatismo de lo real: los sueños son verdaderos a pesar de ser mentiras. En suma, palabra literaria y existencia humana se parecen, se aluden. Y ambas tienen en la memoria del escritor un esencial nexo común. La memoria que recuerda, con lucidez, inteligencia y sensibilidad particulares, se encarga de dibujar los significados de la experiencia conocida. La memoria construye a su manera. Ella ordena, une, diversifica, borra, altera, rescribe. Pero la memoria puede confundir lo que nos ha sucedido con eso que alguna vez imaginamos, soñamos o leímos. El recuerdo puede hacer coincidir lo que efectivamente pasó con lo que sucedió sólo en nuestra imaginación o lo que sucedió a otros y éstos nos contaron. En el caso de Borges, y expresado por él, lo leído puede ser muchas veces más importante –y por lo tanto más recordable– que lo vivido. Lecturas, hechos reales, la anécdota de lo verdadero a la zaga de lo imaginado o soñado: en Borges todo pareció ir encontrándose en una escritura que describía el testimoniarse de un hombre desde sus sueños y vivencias, desde sus asombros y pensamientos, desde su erudición y fantasía. En sus palabras; “la personalidad de los seres humanos está, esencialmente, hecha de momentos, y, como ellos, es algo cambiante, contradictorio, puntual. No existe nada capaz de definir a un individuo para siempre, porque cada quien es, en esa construcción peculiar que el día a día le ha hecho ser, apenas una edificación parcial reflejo de las circunstancias vividas”. Vale.
Fuentes.-
(1) http://www.scielo.org.ar/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1851-17322006000300005&lng=pt&nrm=iso
(2) http://www.capitanalatriste.com/escritor.html?s=cementerio/ce_caza_narco
(3) www.konvergencias.net/perezlopez141.pdf
(4) http://www.elrincondelhaiku.org/foros/viewtopic.php?t=854
(5) http://www.forojovenes.com/literatura/aun-sigo-con-la-duda-me-gustaria-mas-respuestas-1186.html
(6) http://www.tendencias21.net/El-cerebro-es-capaz-de-inventar-recuerdos-de-hechos-que-nunca-ocurrieron_a437.html
(7) http://www.ctv.es/USERS/borobar/entrevista.htm
(8) http://www.scielo.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0717-73562006000100012&lng=e&nrm=iso&tlng=e
(9) http://carmesi.wordpress.com/page/2/
(10) http://www.sololiteratura.com/bor/borperfiles.htm
Nota del Autor.- Como mis escasísimos lectores habrán notado en el ultimo de los párrafos se cita a Borges, confirmando lo que escribí (*) hace poco mas de dos años: “¿Porque siempre que exploro con la humilde sabiduría del que sabe que no sabe algún laberinto literario me encuentro ahí, en su centro, al viejo poeta ciego?, ¿será él el Minotauro que resguarda el texto total [1] en el centro mismo de la Biblioteca [2]?”.
* Confusas Divagaciones Intertextuales, en PARADOXAS N° CXXIV, 2 de Junio de 2008.
Notas bibliograficas de la Nota del Autor.-
[1]
También sabemos de otra superstición de aquel tiempo: la del Hombre del Libro. En algún anaquel de algún hexágono (razonaron los hombres) debe existir un libro que sea la cifra y el compendio perfecto de todos los demás: algún bibliotecario lo ha recorrido y es análogo a un dios. En el lenguaje de esta zona persisten aún vestigios del culto de ese funcionario remoto. Muchos peregrinaron en busca de Él. Durante un siglo fatigaron en vano los más diversos rumbos. ¿Cómo localizar el venerado hexágono secreto que lo hospedaba? Alguien propuso un método regresivo: Para localizar el libro A, consultar previamente un libro B que indique el sitio de A; para localizar el libro B, consultar previamente un libro C, y así hasta lo infinito... En aventuras de ésas, he prodigado y consumido mis años. No me parece inverosímil que en algún anaquel del universo haya un libro total; ruego a los dioses ignorados que un hombre - ¡uno solo, aunque sea, hace miles de años! - lo haya examinado y leído. Si el honor y la sabiduría y la felicidad no son para mí, que sean para otros. Que el cielo exista, aunque mi lugar sea el infierno. Que yo sea ultrajado y aniquilado, pero que en un instante, en un ser, Tu enorme Biblioteca se justifique.
LA BIBLIOTECA DE BABEL, Jorge Luis Borges, 1949
[2]
Afirman los impíos que el disparate es normal en la Biblioteca y que lo razonable (y aun la humilde y pura coherencia) es una casi milagrosa excepción. Hablan (lo sé) de «la Biblioteca febril, cuyos azarosos volúmenes corren el incesante albur de cambiarse en otros y que todo lo afirman, lo niegan y lo confunden como una divinidad que delira». Esas palabras que no sólo denuncian el desorden sino que lo ejemplifican también, notoriamente prueban su gusto pésimo y su desesperada ignorancia. En efecto, la Biblioteca incluye todas las estructuras verbales, todas las variaciones que permiten los veinticinco símbolos ortográficos, pero no un solo disparate absoluto. Inútil observar que el mejor volumen de los muchos hexágonos que administro se titula «Trueno peinado», y otro «El calambre de yeso» y otro «Axaxaxas mlo». Esas proposiciones, a primera vista incoherentes, sin duda son capaces de una justificación criptográfica o alegórica; esa justificación es verbal y, ex hypothesi, ya figura en la Biblioteca. No puedo combinar unos caracteres dhcmrlchtdj que la divina Biblioteca no haya previsto y que en alguna de sus lenguas secretas no encierren un terrible sentido. Nadie puede articular una sílaba que no esté llena de ternuras y de temores; que no sea en alguno de esos lenguajes el nombre poderoso de un dios. Hablar es incurrir en tautologías. Esta epístola inútil y palabrera ya existe en uno de los treinta volúmenes de los cinco anaqueles de uno de los incontables hexágonos, y también su refutación. (Un número n de lenguajes posibles usa el mismo vocabulario; en algunos, el símbolo biblioteca admite la correcta definición ubicuo y perdurable sistema de galerías hexagonales, pero biblioteca es pan o pirámide o cualquier otra cosa, y las siete palabras que la definen tienen otro valor. Tú, que me lees, ¿estás seguro de entender mi lenguaje?).
LA BIBLIOTECA DE BABEL, Jorge Luis Borges, 1949
sábado, 3 de julio de 2010
BREVISIMO Y COMPLETISIMO ATLAS ENCICLOPEDICO UNIVERSAL
La biblioteca tenía una sola habitación, era cuadrada y de no más de diez pies por lado, y todas las paredes estaban cubiertas de anaqueles con libros de diversos tamaños y todos los lomos eran de distintos colores. Estuve encerrado en ella las veinte horas del Carnaval de Oruro, mientras afuera las diabladas de Caporales, Morenadas, Suri-Sicuris, llameradas, kullawadas, Waca-Wacas, Pujllayes, Tinkus, y Tobas, recorrían la ciudad acompañadas de bandas musicales en medio del tumulto y la algarabía de los cientos y cientos de celebrantes. Fui revisando ordenadamente cada libro desde los que estaban en el primer anaquel a la derecha de la puerta, hasta los que estaban en el anaquel de la izquierda. De los más de cinco mil volúmenes solo encontré cinco que tenían algo escrito, los otros estaban en blanco. En los lomos de aquellos de leía en letras doradas Theatrum Orbis Terrarum y un numero romano del I al V, y en la base del lomo alguien había pintado una pequeña franja blanca y escrito a mano con tinta china dos palabras; Textos Esenciales. La lectura de ellos me recordó lo que escribió Borges acerca de “cierta enciclopedia china que se titula Emporio celestial de conocimientos benévolos. En sus remotas páginas está escrito que los animales se dividen en (a) pertenecientes al Emperador, (b) embalsamados, (c) amaestrados, (d) lechones, (e) sirenas, (f) fabulosos, (g) perros sueltos, (h) incluidos en esta clasificación, (i) que se agitan como locos, (j) innumerables, (k) dibujados con un pincel finísimo de pelo de camello, (1) etcétera, (m) que acaban de romper el jarrón, (n) que de lejos parecen moscas.", pero creo que estos textos son mas completos. Transcribo a continuación mí, de seguro mala, traducción que aquellos intensos volúmenes.
Volumen I.- LAS REGIONES DEL PODER
Fue como penetrar en el ámbito de otra época, porque el aire era más tenue en los pozos de escombros de la vasta guarida del poder, y el silencio era más antiguo, y las cosas eran arduamente visibles en la luz decrépita. A lo largo del primer patio, cuyas baldosas habían cedido a la presión subterránea de la maleza, vimos el retén en desorden de la guardia fugitiva, las armas abandonadas en los armarios, el largo mesón de tablones bastos con los platos de sobras del almuerzo dominical interrumpido por el pánico, vimos el galpón en penumbra donde estuvieron las oficinas civiles, los hongos de colores y los lirios pálidos entre los memoriales sin resolver cuyo curso ordinario había sido más lento que las vidas más áridas, vimos en el centro del patio la alberca bautismal donde fueron cristianizadas con sacramentos marciales más de cinco generaciones, vimos en el fondo la antigua caballeriza de los virreyes transformada en cochera, y vimos entre las camelias y las mariposas la berlina de los tiempos del ruido, el furgón de la peste, la carroza del año del cometa, el coche fúnebre del progreso dentro del orden, la limusina sonámbula del primer siglo de paz, todos en buen estado bajo la telaraña polvorienta y todos pintados con los colores de la bandera. En el patio siguiente, detrás de una verja de hierro, estaban los rosales nevados de polvo lunar a cuya sombra dormían los leprosos en los tiempos grandes de la casa, y habían proliferado tanto en el abandono que apenas si quedaba un resquicio sin olor en aquel aire de rosas revuelto con la pestilencia que nos llegaba del fondo del jardín y el tufo de gallinero y la hedentina de boñigas y fermentos de orines de vacas y soldados de la basílica colonial convertida en establo de ordeño. Abriéndonos paso a través del matorral asfixiante vimos la galería de arcadas con tiestos de claveles y frondas de astromelias y trinitarias donde estuvieron las barracas de las concubinas, y por la variedad de los residuos domésticos y la cantidad de las máquinas de coser nos pareció posible que allí hubieran vivido más de mil mujeres con sus recuas de sietemesinos, vimos el desorden de guerra de las cocinas, la ropa podrida al sol en las albercas de lavar, la sentina abierta del cagadero común de concubinas y soldados, y vimos en el fondo los sauces babilónicos que habían sido transportados vivos desde el Asia Menor en gigantescos invernaderos de mar, con su propio suelo, su savia y su llovizna, y al fondo de los sauces vimos la casa civil, inmensa y triste, por cuyas celosías desportilladas seguían metiéndose los gallinazos. No tuvimos que forzar la entrada, como habíamos pensado, pues la puerta central pareció abrirse al solo impulso de la voz, de modo que subimos a la planta principal por una escalera de piedra viva cuyas alfombras de ópera habían sido trituradas por las pezuñas de las vacas, y desde el primer vestíbulo hasta los dormitorios privados vimos las oficinas y las salas oficiales en ruinas por donde andaban las vacas impávidas comiéndose las cortinas de terciopelo y mordisqueando el raso de los sillones, vimos cuadros heroicos de santos y militares tirados por el suelo entre muebles rotos y plastas recientes de boñiga de vaca, vimos un comedor comido por las vacas, la sala de música profanada por estropicios de vacas, las mesitas de dominó destruidas y las praderas de las mesas de billar esquilmadas por las vacas, vimos abandonada en un rincón la máquina del viento, la que falsificaba cualquier fenómeno de los cuatro cuadrantes de la rosa náutica para que la gente de la casa soportara la nostalgia del mar que se fue, vimos jaulas de pájaros colgadas por todas partes y todavía cubiertas con los trapos de dormir de alguna noche de la semana anterior, y vimos por las ventanas numerosas el extenso animal dormido de la ciudad todavía inocente del lunes histórico que empezaba a vivir, y más allá de la ciudad, hasta el horizonte, vimos los cráteres muertos de ásperas cenizas de luna de la llanura sin término donde había estado el mar.
Volumen II.- LAS CIUDADES DEL ORBE
...Recién llegado y sin saber nada de las lenguas del Levante, Marco Polo no podía expresarse sino extrayendo objetos de sus maletas: tambores, pescado salado, collares de colmillos de jabalí, y señalándolos con gestos, saltos, gritos de maravilla o de horror, o imitando el aullido del chacal y el grito del búho.
No siempre las conexiones entre un elemento y otro del relato eran evidentes para el emperador; los objetos podían querer decir cosas diferentes: un carcaj lleno de flechas indicaba ya la proximidad de una guerra, ya la abundancia de caza, ya una armería; una clepsidra podía significar el tiempo que pasa o que ha pasado, o bien la arena, o un taller donde se fabrican clepsidras.
Pero lo que hacía precioso para Kublai todo hecho o noticia referidos por su inarticulado informador era el espacio que quedaba en torno, un vacío no colmado de palabras.
Las descripciones de ciudades visitadas por Marco Polo tenían esta virtud: que se podía dar vueltas con el pensamiento en medio de ellas, perderse, detenerse a tomar el fresco, o escapar corriendo. Con el paso del tiempo, en los relatos de Marco las palabras fueron sustituyendo los objetos y los gestos: primero exclamaciones, nombres aislados, verbos a secas, después giros de frase, discursos ramificados y frondosos, metáforas y tropos. El extranjero había aprendido a hablar la lengua del emperador, o el emperador a entender la lengua del extranjero.
Pero se hubiera dicho que la comunicación entre ellos era menos feliz que antes; es cierto que las palabras servían mejor que los objetos y los gestos para catalogar las cosas más importantes de cada provincia y ciudad: monumentos, mercados, trajes, fauna y flora; sin embargo, cuando Polo empezaba a decir cómo debía ser la vida en aquellos lugares, día por día, noche tras noche, le faltaban las palabras, y poco a poco volvía a recurrir a gestos, a muecas, a miradas.
Así, para cada ciudad, a las noticias fundamentales enunciadas con vocablos precisos, hacía seguir un comentario mudo, alzando las manos de palma, de dorso o de canto, en movimientos rectos u oblicuos, espasmódicos o lentos. Una nueva especie de diálogo se estableció entre ambos: las blancas manos del Gran Kan, cargadas de anillos, respondía con movimientos compuestos a aquellas ágiles y nudosas del mercader. Al crecer el entendimiento entre ambos, las manos empezaron a asumir actitudes estables que correspondían cada una a un movimiento del ánimo en su alternancia y repetición. Y mientras el vocabulario de las cosas se renovaba con los muestrarios de las mercancías, el repertorio de los comentarios mudos tendía a cerrarse y a fijarse. Hasta el placer de recurrir a ellos disminuía en ambos; en sus conversaciones permanecían la mayor parte del tiempo callados e inmóviles.
Volumen III.- EL ORBE DE LA TIERRA
En la parte inferior del escalón, hacia la derecha, vi una pequeña esfera tornasolada, de casi intolerable fulgor. Al principio la creí giratoria; luego comprendí que ese movimiento era una ilusión producida por los vertiginosos espectáculos que encerraba. El diámetro del Aleph sería de dos o tres centímetros, pero el espacio cósmico estaba ahí, sin disminución de tamaño. Cada cosa (la luna del espejo, digamos) era infinitas cosas, porque yo claramente la veía desde todos los puntos del universo. Vi el populoso mar, vi el alba y la tarde, vi las muchedumbres de América, vi una plateada telaraña en el centro de una negra pirámide, vi un laberinto roto (era Londres), vi interminables ojos inmediatos escrutándose en mí como en un espejo, vi todos los espejos del planeta y ninguno me reflejó, vi en un traspatio de la calle Soler las mismas baldosas que hace treinta años vi en el zaguán de una casa en Frey Bentos, vi racimos, nieve, tabaco, vetas de metal, vapor de agua, vi convexos desiertos ecuatoriales y cada uno de sus granos de arena, vi en Inverness a una mujer que no olvidaré, vi la violenta cabellera, el altivo cuerpo, vi un cáncer de pecho, vi un círculo de tierra seca en una vereda, donde antes hubo un árbol, vi una quinta de Adrogué, un ejemplar de la primera versión inglesa de Plinio, la de Philemont Holland, vi a un tiempo cada letra de cada página (de chico yo solía maravillarme de que las letras de un volumen cerrado no se mezclaran y perdieran en el decurso de la noche), vi la noche y el día contemporáneo, vi un poniente en Querétaro que parecía reflejar el color de una rosa en Bengala, vi mi dormitorio sin nadie, vi en un gabinete de Alkmaar un globo terráqueo entre dos espejos que lo multiplicaban sin fin, vi caballos de crin arremolinada, en una playa del Mar Caspio en el alba, vi la delicada osadura de una mano, vi a los sobrevivientes de una batalla, enviando tarjetas postales, vi en un escaparate de Mirzapur una baraja española, vi las sombras oblicuas de unos helechos en el suelo de un invernáculo, vi tigres, émbolos, bisontes, marejadas y ejércitos, vi todas las hormigas que hay en la tierra, vi un astrolabio persa, vi en un cajón del escritorio (y la letra me hizo temblar) cartas obscenas, increíbles, precisas, que Beatriz había dirigido a Carlos Argentino, vi un adorado monumento en la Chacarita, vi la reliquia atroz de lo que deliciosamente había sido Beatriz Viterbo, vi la circulación de mi propia sangre, vi el engranaje del amor y la modificación de la muerte, vi el Aleph, desde todos los puntos, vi en el Aleph la tierra, vi mi cara y mis vísceras, vi tu cara, y sentí vértigo y lloré, porque mis ojos habían visto ese objeto secreto y conjetural, cuyo nombre usurpan los hombres, pero que ningún hombre ha mirado: el inconcebible universo.
Sentí infinita veneración, infinita lástima.
Volumen IV.- LA COSMOGONIA UNIVERSAL
Entonces ocurrió lo que no puedo olvidar ni comunicar. Ocurrió la unión con la divinidad, con el universo (no sé si estas palabras difieren). El éxtasis no repite sus símbolos: hay quien ha visto a Dios en un resplandor, hay quien lo ha percibido en una espada o en los círculos de una rosa. Yo vi una Rueda altísima, que no estaba delante de mis ojos, ni detrás, ni a los lados, sino en todas partes, a un tiempo. Esa Rueda estaba hecha de agua, pero también de fuego, y era (aunque se veía el borde) infinita. Entretejidas, la formaban todas las cosas que serán, que son y que fueron, y yo era una de las hebras de esa trama total, y Pedro de Alvarado, que me dio tormento, era otra. Ahí estaban las causas y los efectos, y me bastaba ver esa Rueda para entenderlo todo, sin fin. ¡Oh dicha de entender, mayor que la de imaginar o la de sentir! Vi el universo y vi los íntimos designios del universo. Vi los orígenes que narra el Libro del Común. Vi las montañas que surgieron del agua, vi los primeros hombres de palo, vi las tinajas que se volvieron contra los hombres, vi los perros que les destrozaron las caras. Vi el dios sin cara que hay detrás de los dioses. Vi infinitos procesos que formaban una sola felicidad, y, entendiéndolo todo, alcancé también a entender la escriturad del tigre.
Volumen V.- LA ENCICLOPEDIA TOTAL
Desde ahí contempló la hormigueante inmensidad del universo: todas las piedras, todas las plantas, todos los árboles, todos los animales, todos los hombres, con sus colores, sus pasiones, sus instrumentos, y la historia de esas cosas diversas, y su nacimiento, y sus enfermedades, y su muerte. Y entre la muerte total y necesaria, percibió claramente la muerte única de la africana, y lloró.
Notas bibliograficas.-
Títulos de los mapas:
I El otoño del patriarca.
II Las Ciudades Invisibles.
III El Aleph
IV La escritura del dios.
V Vidas imaginarias.
Cosmógrafos e enciclopedistas.
I Gabriel García Márquez
II Italo Calvino
III Jorge Luis Borges
IV José Luis Borges
V Marcel Schwob
Anaqueles:
I http://www.iesmigueldecervantes.com/publica/biblioteca/el_otono_del_patriarca_garcia_marquez.pdf
II
http://www.ddooss.org/libros/ciudades_invisibles_Italo_Calvino.pdf
III
http://www.hacer.org/pdf/aleph.pdf
IV
http://www.mundolatino.org/cultura/borges/borges_5.htm
V
Incluido en: http://www.portalplanetasedna.com.ar/libros_borges1.htm
Solo como bibliotecario y escriba: F.S.R.Banda, mismo
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lunes, 28 de junio de 2010
LOS CUATRO ROLLOS DEL MAESTRO KONG
Sobre los roqueríos las algas como cabelleras de medusas sumergidas atan y desatan sus nudos con el ritmo caótico del oleaje, la espuma que es alba virgen cuando viene arremolinada en las cresta de las ola y rompe esplendecente en altos bufidos de animal prehistórico es apenas una sucia baba amarillenta cuando queda adherida a los recovecos de piedras y lagunillas de baja mar. La playa extensa, amarilla, tiene una huella oscura paralélela a la línea de marea, son todos los fragmentos que la mar vomitó en la pleamar, Allí hay basuras, trozos de troncos y ramas de árboles ahogados, también maderos de naufragios pintados con los vistosos colores de los botes de pescadores. Estaba yo admirando tal espectáculo cuando vi venir caminando calmadamente por la playa siguiendo el zigzagueante rastros de los despojos, a un viejo de larga cabellera blanca al igual que su barba terminada en punta sobre su pecho. Ya mas cerca lo reconocí, el Maestro Kong, era un viejo conocido de la aldea, un respetable anciano quien lejos de la mística y las creencias religiosas, enseñaba una filosofía práctica, como un sistema de pensamiento orientado hacia la vida y destinado al perfeccionamiento de uno mismo. Como solía decir; “El objetivo no es la "salvación", sino la sabiduría y el autoconocimiento.” Traía en sus brazos cuatro rollos muy antiguos de cuero de cabra en los que se alcanzaba a distinguir los extraños grafos de la secta de los Censores de la Luz. Se detuvo frente a mi y como si ya supiera quien era yo, me sonrió alcanzándome los rollos, los tomé sorprendido sin entender el porque de aquel regalo inesperado, bajó su cabeza en un gesto de despedida y siguió caminando en la misma dirección que traía, bordeando los despojos de la pleamar. De pronto se detuvo a unos pocos pasos de mi y volviéndose me dijo en una voz apenas audible: “Leer sin meditar es una ocupación inútil", y siguió su camino hasta que se perdió tras unos grandes roquerío que cortaban la playa e iniciaban el camino hacia un alto bosque de pinos. Curioso fui desenrollando cada rollo y leyendo su contenido: El primer rollo titulado Ta-Hio o Gran Ciencia era acerca de un viejo poeta ciego que fue escribiendo su vida en todos sus libros esperando que nadie nunca llegara a descifrarlos. El segundo se llamaba Chung-Yung o Doctrina del Medio y describía una extraña ciudad llamada Mumbaí donde la miseria humana se repartía por todos los rincones como si una maldición ancestral la hubiera marcado con el fuego de la podredumbre. El tercer rollo, se titulaba Lun-Yu o Comentarios Filosóficos y en el se describía un fragmento de una rara travesía marina en plena tormenta. Y el cuarto rollo, el más ajado y apenas leíble se llamaba Meng-Tse o Libro de Mencio y describía simplemente un atardecer.
Para los lectores curiosos los trascribo íntegros a continuación para su mayor sabiduría o incredulidad.
I
Hoy he releído los cuentos de Borges como si todos ellos fueran capítulos sueltos de una novela. Así lo creo. Borges tenía escrita una novela, una obra de enormes dimensiones en la que cada capítulo era un ajuste de cuentas con la tradición argentina y con la tradición europea que él había leído y que tan bien asimiló. No tengo la menor duda de que Borges empeñó varios años -algo así como los años perdidos de Jesús- en la redacción de esa magna eyaculación literaria que era su vida. Noveló su vida, que en definitiva eran los libros, pero al término de la escritura se dio cuenta de que todo cabía en un resumen, que la síntesis era la perfecta semblanza de todos sus renglones. De esta manera comenzó a reducir cada capítulo en una especie de macroestructura que los sostiene, un laberinto que no deja vislumbrar las dimensiones reales del trabajo: el tiempo circular, la novela policíaca, la literatura gauchesca, la filosofía de Shopenhauer, el sujeto moderno, los libros, las sagas, acaso la eternidad. “Ignoro los detalles de su aventura; cuando me sean revelados he de rectificar y ampliar estas páginas. Por ahora, este resumen puede ser útil”, escribe al inicio de "El muerto", en El Aleph. Por más que lo interpretemos como un recurso narrativo, considero que este cuento pertenece a una larga narración, una narración de la que no tenemos conocimiento; sólo podemos reconstruirla gracias a la imaginación y a la sospecha. Por eso Borges nos desdibuja el resto, nos lo anula como lectores. Sólo aspiramos a ser un personaje de sus narraciones, un muerto, como Otálora, que adivina al final de sus días que Bandeira es “una tosca divinidad”.
Creo que Borges quiso narrar la eternidad. Prefirió aglutinarla con la descripción del aleph y secuenció los porcentajes de finitud que nos resume en cada uno de sus cuentos. Por supuesto, cuando lo leemos, la tosca divinidad que traza nuestros pasos, es el propio Borges.
II
“Hemos llegado al fin a la antigua Ciudad de las Siete Islas, la que en el Mar de Omán se mira: Bombay, Bom Bahía, la Ciudad del Caos, la ciudad del Paraíso y del Infierno. Hemos llegado al amanecer y la primera puerta es la de la Miseria, la de los seres medio muertos que a duras penas sobreviven en los estercoleros, tumbados sobre los escombros, con la cabeza recostada sobre la inmundicia que hace que se pudran los sueños, que se pudran los sueños injustamente. Ya no sé lo que soy, hombre o difunto desgranando un rosario de angustia, una roja pesadilla llena de sobresaltos. Grita mi alma en este amanecer del desconsuelo, grita ante el paso de las escuálidas figuras con los rostros quemados y la piel enferma. Oh los cuerpos que milagrosamente se sostienen, semidesnudos, errantes, bajo las venenosas flechas del Monzón inclemente; puñados de huesos que andan sin rumbo, sonajas que rechinan dolorosas sobre la tierra negra del abandono. Esta es Bombay, en la que las bandadas de cuervos vigilan permanentemente cualquier migaja. Ya no sé si estoy vivo o un Caronte me lleva en su oscura barcaza. No veo su rostro, tan solo unos ojos inyectados en sangre. No me engañan las músicas que embalsaman el aire, ni el aroma dulzón del cardamomo, ni el humillo plácido del incienso sobre la pira de los sacrificios... Todo se desmorona. Filas de hombres sentados aguardan la limosna a las puertas de los cafetines infectos. Todo se desmorona... Niños con sus andrajos me piden tristemente unas rupias y sus palmas están agrietadas como mi conciencia. Esta es Bombay: la ciudad de los seres tullidos, la de los cuerpos cercenados ante un platillo con las pocas monedas de la dádiva. ¿Cómo puede latir mi corazón ante el hermano sin brazos y sin piernas, ante ese tronco vivo clavado en un charco, en Apollo Bunder, bajo el triunfo amarillo de un arco de basalto?
¿Cómo podré seguir aún con el recuerdo de aquel otro que sostiene en sus manos esa bola de carne, asomando del vientre como una pavorosa excrecencia? Esta sí, es Bombay, predio de Bahadur, narcotizada por el mar verde de Omán. Bombay, en la que pájaros nefastos devoran por las calles y por las aceras las podridas entrañas de las ratas;
Bombay, en la que todos los colores del mundo se dan cita con un tinte de antaño. La ciudad de los rostros marcados por el desasosiego, la de los sabios en cuclillas con turbantes que el aire hediondo deshilacha, como se deshilacha mi esperanza. Esta es Bombay: un té que sabe como saben las lágrimas. Esta es Bombay —me digo—, el gran bazar de la locura, un laberinto de callejas tomadas por mendigos dolientes y por artesanos; la ciudad de los mil oficios insignificantes y la de las empresas acristaladas de Nariman Point; la de las Torres del Silencio, donde los parsis abandonan a sus muertos para ser devorados por los buitres. Sí, la de los bellos rostros con un bindi en la frente, rojo como el agujero de un disparo. La de los cadáveres descomponiéndose en los árboles. La del ruido que no cesa nunca, la del fragor, la de la anarquía y las epidemias. El caos hecho ciudad; una ciudad de esencias irreconocibles. Sagrada y diabólica, maldita y áurea; la ciudad convertida en caos, el vertedero por el que sobrevuelan las rapaces. Sí Bombay, aquella dote pantanosa, con sus templos perdidos
y sus árboles gigantescos, de copas salpicadas de flores. La de los mohosos edificios de la colonia y las amplias avenidas, en donde se consumen los moribundos; la de los parques suntuosos por los que danzan monos de rostro envejecido. Bombay la patria de los adivinos y los encantadores de serpientes, la de los buques en la bruma, frente al puerto, cargados de semillas de coriandro y tumeric; la de los cuerpos atravesados por las agujas, la de los rostros desencajados y las cabezas acribilladas y diabólicas, con las greñas compactas por la cochambre. Oh sí, Bombay, Mumbay ahora, la ciudad del espíritu, la de las hetairas escondidas, acorraladas como pequeños animalillos eróticos, en guetos de perfume y escoria. Ciudad leprosa, amarga y dulce y agria, que día a día recorren la plantas descarnadas de quienes nada esperan en su búsqueda insomne, de cuantos olvidaron el sueño de una ciudad con las calles de oro. Bombay, la gusanera; la carcel de los desheredados, con mezquitas de esbeltos minaretes y palacios de un cuento delirante. Bombay la de las castas, la de las tribus, los clanes, las familias: jainas, judíos, cristianos, goanises, punjabis, gujaratis, sikhs altivos de apretado turbante. Bombay la de todos contra todos, Babel de mundos que se descomponen; prisión de almas traicionadas por un espejismo. Oh sí, Bombay, la del sol de naranja y el éxtasis permanente; la de las especias en el aire como un polen inaprensible. La de los saltimbanquis que se elevan sobre los muertos en una pirueta desgarradora, mientras Shiva Nataraja, el Bailarín Cósmico, inicia la Tandava violenta de la destrucción, la danza que sacude a las constelaciones... Bombay, la llaga abierta en el corazón de Asia, la ciudad del horror y la de las sonrisas apagadas por el desaliento, la terrible masala de milagro y de miedo, de injusticia y belleza, de cieno y melodía. Oh sí, Bombay, tu sangre enferma me ha hecho otro; tu herida es ya mi herida para siempre.”
III
“Entonces nos dimos a la vela, y tuvimos buena travesía hasta pasar los estrechos de Madagascar; pero ya hacia el norte de esta isla, y a cosa de cinco grados Sur de latitud, los vientos, que se ha observado que en aquellos mares soplan constantes del Noreste desde principios de diciembre hasta principios de mayo, comenzaron a soplar con violencia mucho mayor y más en dirección Oeste que de costumbre. El patrón, hombre experimentado en la navegación por aquellos mares, nos previno para que nos dispusiéramos a guardarnos de la tempestad, que en efecto, se desencadenó al día siguiente, pues empezó a formalizarse el viento llamado monzón del Sur. Creyendo que la borrasca pasaría, cargamos la cebadera y nos dispusimos para aferrar el trinquete; pero en vista de lo contrario del tiempo, cuidamos de sujetar bien las piezas de artillería y aferramos la mesana. Como estábamos muy enmarados, creímos mejor correr el tiempo con mar en popa que no capear o navegar a palo seco. Rizamos el trinquete y lo cazamos. El timón iba a barlovento. El navío se portaba bravamente. Largamos la cargadera de trinquete; pero la vela se rajó y arriamos la verga; y una vez dentro la vela, la desaparejamos de todo su laboreo. La tempestad era horrible; la mar se agitaba inquietante y amenazadora. Se afirmaron los aparejos reales y reforzamos el servicio del timón. No calamos los masteleros, sino que los dejamos en su lugar, porque el barco corría muy bien con mar en popa y sabíamos que con los masteleros izados el buque no sufría y surcaba el mar sin riesgo. Cuando pasó la tempestad largamos el nuevo trinquete y nos pusimos a la capa; luego largamos la mesana, la gavia y el velacho. Llevábamos rumbo Nordeste con viento Sudoeste. Amuramos a estribor, saltamos las brazas y amantillos de barlovento, cazamos las brazas de sotavento, halamos de las bolinas y las amarramos; se amuró la mesana y gobernamos a buen viaje en cuanto nos fue posible.”
IV
“El mejor “espectáculo” que jamás he visto ocurrió tarde en el Océano Indico. Eran en verdad inmenso. El escenario tenia un centenar de millas de ancho y tres de alto, y en él la naturaleza representó un drama que duró media hora: con dragones gigantescos, dinosaurios y leones que se movían por el cielo —¡cómo se hinchaban las cabezas de los leones y se extendían sus melenas, y cómo se inclinaban y se retorcían los lomos de los dragones!—; y ejércitos de soldados con uniformes blancos y grises y oficiales con entorchados dorados, que marchaban y contramarchaban y se unían en combate y se retiraban otra vez. A medida que proseguía la batalla y la persecución, cambiaban las luces del escenario, y los soldados de blancos uniformes aparecieron de color naranja y los soldados de uniformes grises parecieron ponerse otros purpúreos, mientras el telón de fondo era una llama de oro iridiscente. Luego, cuando los técnicos de la naturaleza fueron apagando gradualmente las luces, el púrpura venció y tragó al naranja, y fue siendo un malva y gris más y más profundo, y durante los últimos cinco minutos se presento un espectáculo de inenarrable tragedia y de sombrío desastre, antes de que se extinguieran del todo las luces. Y no pague un solo centavo para presenciar el mas grandioso espectáculo de toda mi vida.”
Cuando terminé la lectura de los cuatro rollos ya casi se terminaba el crepúsculo, miré sobre la arena las huellas del Maestro Kong y sin pensarlo las fui siguiendo, pisando paso a paso en cada una de ellas, y tratando a la vez de seguir su consejo; “Leer sin meditar es una ocupación inútil". Cuando llegué al bosque de pinos la oscuridad de la noche sin luna me hizo perder definitivamente su rastro. Vale.
Bibliografía.-
I.- Escrito por Tomás Rodríguez Reyes bajo el titulo LA NOVELA PERDIDA DE BORGES, 2008.
II.- Transcrito sin versos para mayor confusión del poema BOMBAY, LA PUERTA DE LA INDIA del andaluz José Lupiáñez, 1999.
III.- Tomado con algunas leves enmiendas para su mejor entendimiento del libro LOS VIAJES DE GULLIVER, de Jonathan Swift, 1726.
IV.- Copiado de LA IMPORTANCIA DE VIVIR, de Lin Yutang, 1937.